Lo primero es comprender que una recaída no es sinónimo de debilidad. Es sinónimo de dolor. Las personas que recaen no se están rindiendo. Se sienten abrumadas. Lo mejor que puedes hacer es mantenerte abierto y conectado. Anímales con delicadeza a hablar sobre lo que ha pasado, sin precipitarte a solucionarlo. Ofréceles ayuda para ponerse en contacto con un proveedor de tratamiento, acudir a una reunión o revisar su plan de prevención de recaídas. En The Hader Clinic, también apoyamos a las familias a través de la educación, el asesoramiento y conversaciones sinceras sobre límites, facilitación y recuperación. Tampoco tienes por qué hacerlo solo.
Lo más importante es mantenerse en contacto. Después de una recaída, las personas suelen sentirse avergonzadas, asustadas y solas. Tu papel no es arreglarlas. Es recordarles que siguen mereciendo ser amadas y que aún es posible obtener ayuda. Escúchalas sin interrumpirlas. Anímalas a acudir a un profesional para recibir tratamiento. Establece límites si es necesario, pero no las excluyas. En The Hader Clinic, también ofrecemos asesoramiento y apoyo a las familias para que puedas cuidar de tu propio bienestar mientras participas en la recuperación.