La nicotina es una sustancia altamente adictiva que activa las vías de recompensa en el cerebro. Libera dopamina y norepinefrina, que producen breves ráfagas de concentración y calma. Con el tiempo, el cerebro se adapta a estos picos artificiales y se desarrolla tolerancia, dependencia y un intenso deseo de consumirla.
Dado que los cigarrillos son legales, accesibles y se consumen a menudo en momentos de estrés o aburrimiento, dejar de fumar es algo que va más allá de la fuerza de voluntad. Requiere abordar el entorno, los desencadenantes, la regulación emocional y los hábitos. Por eso, los programas de rehabilitación para fumadores suelen incluir terapia para la adicción y atención integral: para tratar tanto las razones físicas como emocionales por las que las personas siguen fumando.